El carácter religioso del ser humano se manifiesta por los rastros más primitivos de su herencia cultural. Los primeros actos del hombre prehistórico, aunque sean muy toscos, están relacionados con la religión. Más tarde, cuando surgen las grandes civilizaciones, el elemento religiosos es aglutinante que configura la cultura de cada pueblo y la convivencia entre los hombres. Este elemento religioso se manifiesta en una amplia gama de expresiones religiosas, constantes desde el inicio de la historia humana y apreciables en todos los lugares de la Tierra.
La relación del hombre con Dios
ocupa un puesto de importancia primaria en la historia de la humanidad. Esta abundante presencia lleva a
pensar estamos frente a una dimensión fundamental del ser humano, presente
siempre y en todas partes, ligada a su estructura ontológica y no mero
resultado de situaciones contingentes.

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